Una vida llena de pequeñas alegrías
Samantha Daly nació en Sacramento y trabaja en Tecnología de la Información en UC Davis Health, un trabajo que descubrió después de un cambio de carrera durante la pandemia. Su marido, Kevin, enseña y es entrenador de béisbol, y a sus dos hijos pequeños les gusta jugar en el campo con él después de los partidos. Los domingos también son sagrados, cuando la familia y los amigos se reúnen en su casa para ver el fútbol americano, una tradición que Sam espera con ansias cada semana.
En casa, Sam llama a esto “la mejor etapa de la crianza de los hijos”, llena de juego creativo, castillos de cojines y fines de semana tranquilos dedicados a la aventura. Ella es más introvertida por naturaleza y encuentra paz escribiendo en su diario y tejiendo, mientras que su esposo es el extrovertido.
“Estoy en un momento de mi vida para los días tranquilos”, dice Sam. “Me encanta pasar tiempo en casa con mi familia y crear pequeños recuerdos juntos”.
Esa sensación de estabilidad pronto sería puesta a prueba por algo por lo que Sam nunca esperó pasar dos veces.
En duelo que resurge dos veces
Ambos embarazos de Sam estuvieron ensombrecidos por una profunda pérdida. Su padre falleció por la época en que ella esperaba a su primer hijo. Luego, durante su segundo embarazo, a su madre se le diagnosticó un cáncer y falleció poco después.
“Con mis dos hijos, tanto mis embarazos como mis partos estuvieron rodeados de duelo”, dice Sam. “Mi papá falleció con mi primer hijo y luego mi mamá falleció con mi segundo hijo”.
A esto se sumó una sensación de aislamiento. Incluso rodeada de un recién nacido y una familia amorosa, Sam a menudo sentía que llevaba su pesar ella sola.
“Me sentía tan sola”, dice. “Era el momento más feliz, pero también el más triste”.
Un equipo de atención médica que se dio cuenta
Durante su segundo embarazo, Sam habló con su médico de atención primaria sobre su duelo y los sentimientos posparto que estaba sufriendo. Esa sola conversación puso en marcha los siguientes pasos más rápido de lo que se imaginó.
“Siento que siempre iban un paso por delante sin que siquiera yo me diera cuenta”, dice Sam.
Su equipo de obstetricia la derivó a la Dra. Shannon L. Clark, una especialista en medicina materno-fetal (atención prenatal y posparto de alto riesgo) en UC Davis Health. La Dra. Clark fue la primera persona con la que Sam sintió que podía ser completamente sincera.
Conozca a la obstetra de Sam, la Dra. Shannon L. Clark
“Ella fue realmente la primera persona con la que me abrí de verdad y con la que me sentí cómoda contándole toda mi historia. Me proporcionó tantos recursos que todavía los sigo usando hoy”.—Samantha, paciente
Apoyo diseñado completamente a su medida
El equipo de la Dra. Clark puso a Sam en contacto con un psiquiatra, el Dr. Joseph Andrade, con quien ya lleva trabajando desde hace casi dos años. Su atención se extendió más allá del posparto, acompañándola durante el diagnóstico de cáncer y los cuidados paliativos de su madre.
“Él realmente abogó por mí y sabía dónde tenía que parar”, dice Sam. Cuando se sintió presionada a continuar trabajando durante los últimos meses de vida de su madre, el Dr. Andrade intervino e insistió en que se tomara un tiempo para concentrarse en la familia.
Fue un nivel de atención que fue mucho más allá de cualquier cita. Él la ayudó a conseguir la flexibilidad para trabajar desde casa durante su embarazo mientras pasaba un tiempo valioso con su madre, y más tarde, más tiempo en casa con su recién nacido después del fallecimiento de su madre.
“Él realmente me respaldó”, dice Sam. “Siempre estuvo ahí para mí”.
Sobreponerse a las emociones difíciles
El pesar no desapareció una vez que comenzó el tratamiento; Sam todavía lo siente cada día. Pero con el apoyo del Dr. Andrade, ha aprendido formas más saludables de sobrellevarlo: escribir un diario, tejer y permitirse sentirlo, en lugar de mantenerse ocupada para evitarlo.
Ella trabaja en el mismo edificio que el antiguo equipo de cuidados paliativos de su madre, un detalle que una vez la hizo salir corriendo de la habitación llorando.
“Ahora puedo abrazarles”, dice Sam.
Es un pequeño momento, pero le recuerda lo lejos que ha llegado.
Una historia que ella espera que ayude a otros
Hoy, Sam vuelve a disfrutar de las pequeñas alegrías cotidianas: el fútbol americano de los domingos con la familia, las tardes relajadas con sus hijos y los momentos de tranquilidad que la renuevan y la centran. Atribuye a su equipo de atención médica de UC Davis Health el haberla ayudado a llegar hasta ahí.
En retrospectiva, de lo único que se arrepiente es de no haber pedido ayuda antes.
“Ojalá hubiera hablado antes. Asusta un poco iniciar esa conversación. Pero el posparto da miedo, y no tiene por qué ser así. Puedes conseguir ayuda y dejar que los médicos hagan lo que mejor hacen”.—Samantha, paciente
Para Sam, compartir su historia es su propia forma de sanación.
“Espero que ayude a alguien más también”, dice.
